La crisis ambiental en Torreón ha dejado de ser una mala racha estacional para convertirse en una constante durante el arranque de 2026, pues la ciudad ha ligado seis semanas consecutivas con una calidad del aire predominantemente calificada como "Mala".
Según los registros oficiales de la Dirección General de Medio Ambiente, desde el 4 de enero hasta principios de febrero, las concentraciones de partículas contaminantes en sectores como HECAT y el centro cultural José R. Mijares han oscilado peligrosamente entre los 65 y 132 microgramos por metro cúbico de particulas menores a 10 micras, cifras que rozan el nivel de contingencia "Muy Mala".
Este panorama confirma que, durante todo lo que va del año, los ciudadanos han estado respirando aire que excede los límites saludables, lo que incrementa exponencialmente el riesgo de desarrollar afecciones cardiovasculares y enfermedades respiratorias agudas en una región donde el clima tiende a ser seco.
La gravedad de estos niveles de contaminación se ve agravada por la opacidad técnica y la falta de continuidad en las mediciones, ya que, de manera sistemática, la red de monitoreo ha vuelto a quedar parcialmente inactiva.
El reporte más reciente indica que las estaciones DIF y HECAT han entrado en un proceso de "mantenimiento", una situación que revive los fantasmas de la inoperatividad que marcó el segundo semestre del 2025. Recordando el precedente de la estación R. Mijares, la cual en el pasado sufrió retrasos de meses para volver a funcionar debido a una gestión lenta y fallos técnicos recurrentes.
Esta nueva interrupción en la captura de datos no es un hecho aislado, sino un síntoma de una infraestructura que parece incapaz de ofrecer un servicio ininterrumpido justo cuando la población más necesita saber qué está respirando para proteger a los sectores más vulnerables.
Ante esta realidad, se recomienda a la población de Torreón tomar medidas preventivas estrictas mientras la calidad del aire no baje del rango de los 61 microgramos de PM10. Es fundamental limitar las actividades físicas intensas al aire libre, especialmente en las primeras horas de la mañana y durante el atardecer, cuando la inversión térmica concentra más los contaminantes cerca del suelo.
Para los grupos de riesgo, como niños, adultos mayores y personas con asma, el uso de cubrebocas de alta eficiencia (como el N95) vuelve a ser una herramienta necesaria al transitar por zonas de alto tráfico o cercanas a las estaciones que hoy marcan niveles críticos.
Mientras las autoridades no garanticen la reparación definitiva y el funcionamiento simultáneo de las tres estaciones de monitoreo, la ciudadanía permanece a merced de un aire invisiblemente dañino.